EDICIÓN 1·2021
LA REVISTA GLOBAL PARA LOS EMPLEADOS DE GF

© Tiago Coelho

Los viejos amores no se oxidan

A Daniel Marchet, Sales Assistant de GF Machining Solutions en el sur de Brasil, le fascinan desde niño los vehículos antiguos. Hoy los restaura e incluso ha hecho un largo viaje a la Patagonia en una vieja furgoneta Volkswagen. La afición de Daniel a las máquinas también encaja perfectamente con su profesión.

Viajar en coche en Brasil en las décadas de los 80 y de los 90 era toda una aventura, sobre todo por el interior del país. A menudo se veían seis o siete personas en un vehículo, a veces incluso diez si entre ellas había niños. Iban sentados en el maletero con el portón levantado, y los cinturones de seguridad estaban de adorno. Así recuerda Daniel Marchet, de 37 años, sus viajes de la infancia.

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“Sobre todo las visitas a la granja de mi abuelo en Nova Milano eran una auténtica aventura”, rememora Daniel. Su abuelo recogía a la familia en Caxias do Sul. Esta ciudad de 500 000 habitantes se halla a unos 110 kilómetros al norte de Porto Alegre, la capital del Estado sureño de Rio Grande do Sul. El abuelo conducía con la familia hasta la pequeña ciudad de Nova Milano, en el distrito de Farroupilha, donde atendía una granja los fines de semana. Para la travesía, conseguía acomodar a los siete u ocho miembros de la familia en su Marajó, una versión brasileña del Opel Kadett familiar de General Motors. Los adultos se sentaban delante y al menos dos niños iban en el maletero.

Apasionado del motor

El interés de Daniel por la reparación y restauración de oldtimer se había despertado ya antes de las aventuras con el Marajó de su abuelo en la década de 1980. “Nací en Ijuí, una ciudad del interior de Rio Grande do Sul. Está a unos 395 kilómetros de Porto Alegre y se caracteriza por la agricultura. En la televisión veíamos con frecuencia anuncios de tractores y cosechadoras. Mi madre aún bromea hoy diciendo que mis primeras palabras fueron ‘maquinaria agrícola’”, comenta. En su pequeña parcela, el abuelo de Daniel reparaba él mismo sus tractores. Daniel le observaba a menudo y se enamoró de la tecnología que impulsaba esas máquinas.

De joven, cuando aún no podía conducir coches, se desfogaba con las bicicletas. Sus amigos y él desmontaban y volvían a montar sus vehículos de dos ruedas transformándolos como más les gustaba. “Pintábamos las bicis y las reparábamos en nuestras casas”, recuerda. Pero más que las bicicletas, le interesaban los motores. Por eso, a los 15 años empezó a trabajar y a ahorrar para su primer coche propio: un Volkswagen escarabajo, conocido en Brasil como “fusca”. Con el escarabajo fue creciendo su pasión por los coches y los motores. “Al principio me encontraba con otros fanes de los escarabajos. Juntos fundamos el club local Caxias Fusca Clube. En el barrio de Caxias do Sulen el que vivía con mis padres, todos nuestros amigos y vecinos tenían un escarabajo. Siempre reparábamos los coches nosotros mismos, ya que era muy difícil encontrar piezas de repuesto y mecánicos. Me pasaba horas en los desguaces buscando recambios”, cuenta Daniel.

Una larga historia de amor
2004

2004

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En el garaje de su padre, Daniel quedaba siempre con sus amigos. Un día, un vecino se compró una furgoneta Volkswagen T1 y Daniel se enamoró de ese vehículo.

2009

2009

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Su vecino vendió la furgoneta. El nuevo propietario quería restaurarla, pero se dio por vencido y Daniel aprovechó la oportunidad para comprarla.

2009

2009

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Pieza a pieza, Daniel fue restaurando la furgoneta VW con ayuda de sus amigos y luego se embarcó con su T1 restaurada y otros amigos con oldtimer en un viaje a la Patagonia.

2020

2020

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Todavía hoy, Daniel sigue conservando y cuidando su Volkswagen. Solo que ya no lo hace en el garaje de su padre, sino en el South Custom Garage, un taller que ha alquilado con amigos.

Mejor y conservado

Actualmente, Daniel tiene un Ford F-100 de 1984 y una furgoneta Volkswagen, que tiene diez años más y es su coche favorito. Gracias a sus muchos años de experiencia, ­Daniel es capaz de fabricar piezas de recambio él mismo si no encuentra ninguna adecuada en Brasil o en el extranjero. Durante años, el garaje de su padre fue el punto de encuentro de Daniel y sus amigos, pero desde que se casó y se independizó, se encuentran en un taller en Caxias do Sul, a ocho kilómetros de la casa de Daniel.

Daniel frecuenta mucho el taller con sus amigos, que también sienten debilidad por los coches antiguos. La nave, de unos 380 metros cuadrados, ofrece espacio para hasta ocho coches y muchos recambios. Con el tiempo, Daniel y sus amigos han instalado un elevador hidráulico, una cabina de lacado y un equipo de soldadura. “El taller está equipado de manera muy profesional. Uno de mis amigos del club tiene allí su principal puesto de trabajo y lo ha bautizado como ‘South Custom Garage’”. Además de coches y su equipamiento, este alberga numerosas piezas de repuesto para vehículos antiguos, como bombas de gas y llantas.

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Daniel Marchet quiere mejorar los coches sin que pierdan su esencia. En un taller puede dar rienda suelta a su gran pasión junto con amigos.

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Daniel en medio de sus coches antiguos favoritos en el South Custom Garage, de 380 metros cuadrados.

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Trabajo de precisión: Daniel comprueba el filtro de gasolina de un viejo Ford F100 de 1984.

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Daniel da un acabado estético al motor de un muscle car brasileño.

El núcleo principal: aniel comprueba las conexiones eléctricas y el acabado de las super­ficies de un nuevo motor V8.

Ningún coche sale del taller sin que se haya comprobado su funcionamiento.

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Daniel Marchet ama los clásicos; en especial, le gusta trabajar con el Chevrolet Opala de 1974, un muscle car brasileño.

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El coche antiguo de Daniel delante del South Custom Garage en Caxias do Sul (Brasil).

Entre semana es un taller profesional, pero, durante el fin de semana, Daniel y sus amigos hacen de manitas y prueban nuevas ideas. Primero siempre charlan un rato antes de ponerse a trastear. “Comentamos proyectos nuevos o los que tenemos entre manos; cada uno aporta ideas y después nos ponemos a trabajar”, explica Daniel. “Lo que más me gusta del taller es la colaboración entre amigos”, añade. Casi siempre son cinco en el taller, pero en el círculo de amigos son diez. “Aunque trabajemos paralelamente en proyectos, siempre nos ayudamos unos a otros, hacemos sugerencias o bromeamos; eso se nos da especialmente bien”, asegura Daniel. Sus compañeros, que comparten la misma pasión, y él tienen un mismo objetivo: “Mejoramos los coches, pero conservando la esencia de los ­vehículos”.
La pandemia de COVID-19, y en especial el confinamiento, cambió la situación durante un tiempo en 2020. Hasta finales de junio de 2020, los amigos no trabajaron en el garaje. Entretanto, vuelven a encontrarse allí, pero, desde entonces, llevan siempre mascarilla cuando trabajan juntos.

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La pasión de Daniel por la técnica nació arreglando bicicletas. A partir de ahí creció su amor por los coches antiguos.

Grandes aventuras sobre ruedas

Aunque Daniel aún está muy encariñado con su escarabajo, su gran pasión es ahora su furgoneta VW. La mayor aventura que ha vivido con ella tuvo lugar entre los años 2009 y 2010. Daniel y sus amigos del Club de los Escarabajos decidieron hacer un viaje por carretera a la Patagonia. Llamaron al viaje “Fuscaustral”. Esta región, situada en el extremo sur de Sudamérica, entre Argentina y Chile, está a unos 1600 kilómetros de Caxias do Sul. “Planificamos el viaje y la logística durante un año”.

La furgoneta VW no estaba en perfecto estado, algo de lo que Daniel no se percató hasta estar ya de viaje. “Poco después de atravesar la frontera entre Brasil y Argentina se estropeó una rueda. Eso no fue muy grave porque llevaba seis ruedas de repuesto”. Tras 960 kilómetros surgió el siguiente problema: la gasolina pura habitual en Argentina no le sentaba bien a la furgoneta —en Brasil, la gasolina se mezcla con un 27 % de etanol—, por lo que no quería arrancar y Daniel tuvo que reajustar el motor en plena calle. 1930 kilómetros después recibió el siguiente revés: “El motor de arranque se estropeó y no pudimos encontrar ninguna pieza de repuesto ni ninguna otra posibilidad de arreglarlo”, se lamenta Daniel. Así que durante todo el viaje, los amigos tuvieron que ponerse a empujar la furgoneta Volkswagen cada vez que había que arrancarla. Cuando llegaron a casa, 23 días y 9600 kilómetros más tarde, Daniel no quiso deshacerse sin más de su compañera de aventuras. Todo lo contrario. “Tenía que arreglar el motor, así que decidí renovarlo todo. Empecé con los bajos y luego me propuse reconstruir la furgoneta entera”, explica.

La última aventura del grupo tuvo lugar antes de la pandemia, en enero de 2020. Su destino fue el desierto de Atacama, en Chile. Por eso llamaron al viaje “Fuscatacama”. Esta vez, su Volkswagen se quedó en casa y Daniel se puso en carretera con su F-100.

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Los modelos antiguos en fila con el desierto de Atacama de fondo.
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Daniel y sus amigos del garaje en su viaje por el desierto de Atacama en enero de 2020. El grupo es un equipo con experiencia. Hace escasos once años ya viajaron juntos con sus coches a la Patagonia, recorriendo 9600 kilómetros en 23 días. Este tipo de experiencias unen mucho.

Hacia el futuro a todo gas

Daniel es igual de perseverante en su profesión. Lleva más de doce años trabajando para GF Machining Solu­tions en Caxias do Sul y ha sido responsable de la asistencia técnica para las máquinas de la sede. “A diferencia de la sede de São Paulo, donde cada departamento tiene su propio especialista, aquí en el sur he trabajado para todos los departamentos y ejercido como un técnico versado en múltiples cosas”. Luego, su carrera cambió de rumbo y se desvió hacia el área comercial. Hoy en día es Sales ­Assistant de GF Machining Solutions Brasil y, en paralelo a su trabajo a tiempo completo, está estudiando Derecho.

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En el GF Tech Center hace demostraciones para clientes con las últimas tecnologías..
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El día de Daniel suele comenzar visitando a un cliente o en su oficina. Al igual que con las herramientas en el South Custom Garage, Daniel es muy preciso en su trabajo.

Aun así, Daniel sigue encontrando tiempo para conservar y reconstruir coches antiguos con sus amigos. La pandemia de coronavirus paralizó durante un tiempo los encuentros de los fines de semana. Durante los dos primeros meses del año 2020, el taller de su amigo permaneció cerrado, aunque su propietario siguió con su hobby tras las puertas cerradas. En junio de 2020, por fin, dejó de teletrabajar. “Volví a salir de casa y a cobrar ánimo. Empecé a venir de nuevo al taller los sábados para arreglar mis coches. Ya no hacíamos barbacoas ni encuentros en grupo, pero volvíamos a trabajar juntos en lo que nos gusta”, comenta recordando el pasado, cuando lo pasaba muy bien en el garaje con sus amigos y compartían chimarrão, una bebida caliente típica de Rio Grande do Sul. Ahora eso sería impensable, puesto que esa bebida se pasa de mano en mano y de boca a boca. “Pero cuando los tiempos son duros, la amistad es lo que cuenta y disfrutamos del tiempo juntos”, asegura Daniel.

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